¿Qué
se entiende por la palabra retrato? Mis impulsos me llevan a decir que es la
manifestación de la personalidad de un sujeto en una escultura, dibujo, pintura
y/o fotografía (en la actualidad) con el fin de dar constancia que ese alguien
ha existido pero también me permito decir que hacer un retrato no es cosa
fácil, o sea, es una técnica dotada de precisión, encanto y toque fino como la poesía.
Sin embargo en el XVII “el retrato no se concibió como legítima expresión de la
pintura (…) se creía que este género era (…) opuesto al arte. Porque el arte de
pintar consistía en pintar la Belleza y, por tanto, en desindividualizar, irse
del mundo”¹, actualmente esta concepción ya no tiene tales tintes, supongo que
si alguna persona afirmara esa cita, estoy seguro que la tacharían de loca o algo peor.
Regresando
al tema; las centurias del XVIII y XIX² fueron el auge del retrato por los
movimientos occidentales (humanismo - renacimiento). Cabe hacer mención que
durante este periodo, el retrato colectivo e individual eran las armas fuertes
de los retratistas europeos. En este contexto el título se lo llevan los
italianos por plasmar a una persona de cuerpo completo en sus trabajos; aclaro
que el reconocimiento es de Tiziano que, posteriormente los gachupines
siguieron su ejemplo (Sánchez Coello – Velázquez).
Por
otro lado, ¿qué fue del retrato en Nueva España? Tal vez me encuentre equivocado
pero estoy seguro que las élites sociales novohispanas quisieron copiar
(literalmente) a los europeos acomodados; es decir, hicieron que el retrato se
convirtiera “en uno de tantos requisitos sociales que exigía una sociedad
aristocratizante, organizada a imagen y semejanza de la corte española”³. Sí
que faltó originalidad para construir una buena sociedad novohispana, todo fue
“copiar y pegar”. Asimismo las diferencias que he notado entre los retratos de
uno y otro sitio es el realismo y la calidad occidental a lo rústico,
descriptivo, ingenuo y rígido de Nueva España.
De este modo “la mayor parte de
los retratos novohispanos se consideran (…) testimonios plásticos de la
existencia de personas que no necesariamente pretenden expresar su carácter
anímico por medio de las facciones”⁴ ligado más al
aspecto psicológico. En este contexto, a partir del ya gastado retrato
novohispano en las centurias dichas (XVII – XVIII – XIX) y probablemente en el
XVI y principios del XX puedo encontrar varias representaciones de citada
técnica en el retrato religioso y en el civil. Ambos factores abarcando la
pintura de castas y los exvotos, dos ramas en las que este artículo se centra
con el fin de mostrar la conformación de la identidad que hoy día ostenta la
sociedad “novohispana”.
Ahora
bien ¿En qué consistió el arte religioso? En seguir al margen posturas
anímicas, es decir, “expresar la realidad de un rostro humano y dotarlo,
además, de su carácter existencial (…) expresar lo sobrenatural, los valores
espirituales intangibles que imponían los temas religiosos”⁵. Bajo estas variables considero que las
características del retrato religioso son la sobriedad y el apego al formalismo
académico⁶, o sea, cualquier representación
de este tipo contenía uno o varios signos ligados a la religión, realistas como
el retrato civil. Esta última variable fungió, sin llegar a los rasgos de la
iglesia, como un componente primordial para representar a la sociedad en el
retrato de indígenas, el retrato hablado, el retrato de donantes y el retrato
de sociedad (puntos que no ahondaré en el presente trabajo). Haciendo un
paréntesis más; en los siglos estudiados no podía dejar de lado a los artistas
novohispanos como Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz, Francisco Zurbarán,
Carreño de Miranda y Mariano Moella.
En
el XVI Nueva España tenía varias clases sociales, entre ellas los negros, los
indios, los españoles, los mestizos, los criollos, etcétera; a esta conjunción
social mezclada se le llamó castas. Muy probablemente la sociedad de castas
formó la identidad nacional⁷ una
“nación indiana, mencionada por el padre Díaz de la Vega designa al conjunto de
los aborígenes de México y considera conjuntos étnicos distintos”⁸ (las clases a las que me referí en
líneas atrás). Pero aprecio que está de más dar una definición acertada y
repetitiva de la pintura de castas porque se clasificaba a las personas por su
tipo de raza, lo mismo sucedía con sus descendientes; esto no es más que una
visión eurocentrista acerca del otro, en suma, este tipo de pintura es la
representación del otro en una sociedad clasista como la europea.
Aquí
pruebo lo que quiero dar a entender “en la pintura de castas, la tradicional
condenación del otro toma aspecto de una clasificación cienticista: el
mestizaje bárbaro se representa según lo piensa ordenadamente la civilización.
Por un lado, el hombre civilizado clasifica, ordena a las razas, por el otro,
los hombres de otras razas se mezclan y producen nuevas castas”9 Prácticamente
los novohispanos eran la diversión occidental, vulgarmente hablando. Igualmente
el aspecto que figura dentro de esta clase de pintura es la ya mencionada
clasificación racial, aunado a este factor se encuentra la discriminación de
razas de manera indirecta, así lo distingo yo, pero también cuentan con una
estética inferior a lo que son otras pinturas¹⁰, es
decir, un arte abstracto sin llegar a lo efímero. Finalmente “cada pintura
representa usualmente a una pareja y, por lo menos, un niño (…) en el extremo
inferior o superior de la pintura siempre hay una inscripción que explica la
mezcla racial mostrada”¹¹, de acuerdo, esto muestran las pinturas pero vale la
pena destacar la presencia de otros elementos como la indumentaria; las
acciones de la vida diaria y los objetos pequeños en cada situación de los
grupos sociales.
Por
otro lado, los exvotos son un tema muy intrigante para mí (lo he sintetizado
para no caer en repeticiones) y no hay que ir muy lejos para saber qué son los
llamados exvotos, o sea, son cuadros de pequeñas proporciones pintados por
individuos sin mucha práctica, en ellos se relatan milagros sucedidos a
ciudadanos promedio¹². Quiero entender con este último punto que, si una
persona por error humano caía de una construcción y al momento de caer se ponía
a orarle a determinado santo para que no le pasara nada y si sobrevivía, el
exvoto representaba ese hecho con un santo de por medio en la imagen, como un
actor que impide la desgracia. Pienso que esto es una vil broma por como suena
pero esa era la mentalidad anteriormente.
Habitualmente
los exvotos fueron artículos de la devoción popular, una ofrenda “aunque (…)
por lo general eran obras anónimas”¹³. Igualmente si el populacho pedía sus
exvotos a cada milagro que le pasaba, supongo (espero no equivocarme) que una
particularidad de esta pintura era que cualquier sujeto podía pintar un exvoto,
no va lejos de la realidad que así haya sido; además de este rasgo se le une el
factor socioeconómico, es decir, no todos los ciudadanos podían darse tamaño
lujo¹⁴.
Finalmente
tanto los exvotos como la pintura de castas a lo largo de las centurias
referidas, provocaron en Nueva España una identidad social única del resto de
las provincias. Al menos, el factor “castas” fungió primordialmente en una
diferenciación de la civilización occidental a la novohispana, esta última se
consolidó y en nuestros días convivimos con varias razas distintas sin
importarnos nada.
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Notas
⁴
Vargaslugo, Elisa. “Austeridad del alma”
en Revista Artes de México número 25. Conaculta, México, 1994. P – 47
⁵ Ibídem, p – 47
⁶ Ibídem, p – 47
⁷ Lafaye, Jacques. “La
sociedad de castas en la Nueva España” en Revista Artes de México número 8.
Conaculta, México, 1998. P – 30
⁸ Ibídem, p – 33
9 Orellana,
Margarita de. “La fiebre de la imagen en
la pintura de castas” en Revista Artes de México número 8. Conaculta,
México, 1998. P – 52
¹⁰ Ibídem, p – 59
¹¹
Sullivan, Edward J. “Un fenómeno visual
de América” en Revista Artes de México número 8. Conaculta, México, 1998. P
– 65
¹³
__________________ “Matriz occidental e
identidad criolla” en Imágenes de una identidad unificada. P – 95
¹⁴ Ibídem, Pp. 95 – 96
Bibliografía
v Aceves,
Gutierre. “Imágenes de la inocencia eterna” en Rituales de la vida en la
muerte.
v Armella
de Aspe, Virginia. “La influencia asiática en la indumentaria novohispana”
v Cortina,
Leonor. “El gesto y la apariencia” en Revista Artes de México número 25.
Conaculta, México, 1994.
v Illán,
Adelina; Romero, Rafael. “La técnica pictórica de los enconchados mexicanos y
la problemática de su restauración” en Ciencia y Esencia, cuadernos de
conservación y tecnología del arte. I&R, México, 1998.
v Lafaye,
Jacques. “La sociedad de Castas en la Nueva España” en Revista Artes de México
número 8. Conaculta, México, 1998.
v Orellana,
Margarita de. “La fiebre de la imagen en la pintura de castas” en Revista artes
de México número 8. Conaculta, México, 1998.
v Sullivan,
Edward J. “Un fenómeno visual de América” en Revista Artes de México número 8.
Conaculta, México, 1998.
v Vargaslugo,
Elisa. “Austeridad del alma” en Revista Artes de México número 25. Conaculta,
México, 1994.








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