jueves, 21 de noviembre de 2013

El retrato novohispano: ¿Un retrato social?

¿Qué se entiende por la palabra retrato? Mis impulsos me llevan a decir que es la manifestación de la personalidad de un sujeto en una escultura, dibujo, pintura y/o fotografía (en la actualidad) con el fin de dar constancia que ese alguien ha existido pero también me permito decir que hacer un retrato no es cosa fácil, o sea, es una técnica dotada de precisión, encanto y toque fino como la poesía. Sin embargo en el XVII “el retrato no se concibió como legítima expresión de la pintura (…) se creía que este género era (…) opuesto al arte. Porque el arte de pintar consistía en pintar la Belleza y, por tanto, en desindividualizar, irse del mundo”¹, actualmente esta concepción ya no tiene tales tintes, supongo que si alguna persona afirmara esa cita, estoy seguro que la tacharían de loca o algo peor.


Regresando al tema; las centurias del XVIII y XIX² fueron el auge del retrato por los movimientos occidentales (humanismo - renacimiento). Cabe hacer mención que durante este periodo, el retrato colectivo e individual eran las armas fuertes de los retratistas europeos. En este contexto el título se lo llevan los italianos por plasmar a una persona de cuerpo completo en sus trabajos; aclaro que el reconocimiento es de Tiziano que, posteriormente los gachupines siguieron su ejemplo (Sánchez Coello – Velázquez).


Por otro lado, ¿qué fue del retrato en Nueva España? Tal vez me encuentre equivocado pero estoy seguro que las élites sociales novohispanas quisieron copiar (literalmente) a los europeos acomodados; es decir, hicieron que el retrato se convirtiera “en uno de tantos requisitos sociales que exigía una sociedad aristocratizante, organizada a imagen y semejanza de la corte española”³. Sí que faltó originalidad para construir una buena sociedad novohispana, todo fue “copiar y pegar”. Asimismo las diferencias que he notado entre los retratos de uno y otro sitio es el realismo y la calidad occidental a lo rústico, descriptivo, ingenuo y rígido de Nueva España. 


De este modo “la mayor parte de los retratos novohispanos se consideran (…) testimonios plásticos de la existencia de personas que no necesariamente pretenden expresar su carácter anímico por medio de las facciones”⁴ ligado más al aspecto psicológico. En este contexto, a partir del ya gastado retrato novohispano en las centurias dichas (XVII – XVIII – XIX) y probablemente en el XVI y principios del XX puedo encontrar varias representaciones de citada técnica en el retrato religioso y en el civil. Ambos factores abarcando la pintura de castas y los exvotos, dos ramas en las que este artículo se centra con el fin de mostrar la conformación de la identidad que hoy día ostenta la sociedad “novohispana”.


Ahora bien ¿En qué consistió el arte religioso? En seguir al margen posturas anímicas, es decir, “expresar la realidad de un rostro humano y dotarlo, además, de su carácter existencial (…) expresar lo sobrenatural, los valores espirituales intangibles que imponían los temas religiosos”⁵. Bajo estas variables considero que las características del retrato religioso son la sobriedad y el apego al formalismo académico⁶, o sea, cualquier representación de este tipo contenía uno o varios signos ligados a la religión, realistas como el retrato civil. Esta última variable fungió, sin llegar a los rasgos de la iglesia, como un componente primordial para representar a la sociedad en el retrato de indígenas, el retrato hablado, el retrato de donantes y el retrato de sociedad (puntos que no ahondaré en el presente trabajo). Haciendo un paréntesis más; en los siglos estudiados no podía dejar de lado a los artistas novohispanos como Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz, Francisco Zurbarán, Carreño de Miranda y Mariano Moella.


En el XVI Nueva España tenía varias clases sociales, entre ellas los negros, los indios, los españoles, los mestizos, los criollos, etcétera; a esta conjunción social mezclada se le llamó castas. Muy probablemente la sociedad de castas formó la identidad nacional⁷ una “nación indiana, mencionada por el padre Díaz de la Vega designa al conjunto de los aborígenes de México y considera conjuntos étnicos distintos”⁸ (las clases a las que me referí en líneas atrás). Pero aprecio que está de más dar una definición acertada y repetitiva de la pintura de castas porque se clasificaba a las personas por su tipo de raza, lo mismo sucedía con sus descendientes; esto no es más que una visión eurocentrista acerca del otro, en suma, este tipo de pintura es la representación del otro en una sociedad clasista como la europea.


Aquí pruebo lo que quiero dar a entender “en la pintura de castas, la tradicional condenación del otro toma aspecto de una clasificación cienticista: el mestizaje bárbaro se representa según lo piensa ordenadamente la civilización. Por un lado, el hombre civilizado clasifica, ordena a las razas, por el otro, los hombres de otras razas se mezclan y producen nuevas castas”9 Prácticamente los novohispanos eran la diversión occidental, vulgarmente hablando. Igualmente el aspecto que figura dentro de esta clase de pintura es la ya mencionada clasificación racial, aunado a este factor se encuentra la discriminación de razas de manera indirecta, así lo distingo yo, pero también cuentan con una estética inferior a lo que son otras pinturas¹⁰, es decir, un arte abstracto sin llegar a lo efímero. Finalmente “cada pintura representa usualmente a una pareja y, por lo menos, un niño (…) en el extremo inferior o superior de la pintura siempre hay una inscripción que explica la mezcla racial mostrada”¹¹, de acuerdo, esto muestran las pinturas pero vale la pena destacar la presencia de otros elementos como la indumentaria; las acciones de la vida diaria y los objetos pequeños en cada situación de los grupos sociales.


Por otro lado, los exvotos son un tema muy intrigante para mí (lo he sintetizado para no caer en repeticiones) y no hay que ir muy lejos para saber qué son los llamados exvotos, o sea, son cuadros de pequeñas proporciones pintados por individuos sin mucha práctica, en ellos se relatan milagros sucedidos a ciudadanos promedio¹². Quiero entender con este último punto que, si una persona por error humano caía de una construcción y al momento de caer se ponía a orarle a determinado santo para que no le pasara nada y si sobrevivía, el exvoto representaba ese hecho con un santo de por medio en la imagen, como un actor que impide la desgracia. Pienso que esto es una vil broma por como suena pero esa era la mentalidad anteriormente.


Habitualmente los exvotos fueron artículos de la devoción popular, una ofrenda “aunque (…) por lo general eran obras anónimas”¹³. Igualmente si el populacho pedía sus exvotos a cada milagro que le pasaba, supongo (espero no equivocarme) que una particularidad de esta pintura era que cualquier sujeto podía pintar un exvoto, no va lejos de la realidad que así haya sido; además de este rasgo se le une el factor socioeconómico, es decir, no todos los ciudadanos podían darse tamaño lujo¹⁴.


Finalmente tanto los exvotos como la pintura de castas a lo largo de las centurias referidas, provocaron en Nueva España una identidad social única del resto de las provincias. Al menos, el factor “castas” fungió primordialmente en una diferenciación de la civilización occidental a la novohispana, esta última se consolidó y en nuestros días convivimos con varias razas distintas sin importarnos nada.



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Notas
¹ Cortina, Leonor. “El gesto y la apariencia” en Revista Artes de México número 25. Conaculta, México, 1994. P – 40 
² Ibídem, p – 43
³ Ibídem, p – 44
⁴ Vargaslugo, Elisa. “Austeridad del alma” en Revista Artes de México número 25. Conaculta, México, 1994. P – 47
⁵ Ibídem, p – 47
⁶ Ibídem, p – 47
⁷ Lafaye, Jacques. “La sociedad de castas en la Nueva España” en Revista Artes de México número 8. Conaculta, México, 1998. P – 30
⁸ Ibídem, p – 33
9 Orellana, Margarita de. “La fiebre de la imagen en la pintura de castas” en Revista Artes de México número 8. Conaculta, México, 1998. P – 52
¹⁰ Ibídem, p – 59
¹¹ Sullivan, Edward J. “Un fenómeno visual de América” en Revista Artes de México número 8. Conaculta, México, 1998. P – 65
¹³ __________________ “Matriz occidental e identidad criolla” en Imágenes de una identidad unificada. P – 95
¹⁴ Ibídem, Pp. 95 – 96

Bibliografía

v  Aceves, Gutierre. “Imágenes de la inocencia eterna” en Rituales de la vida en la muerte.
v  Armella de Aspe, Virginia. “La influencia asiática en la indumentaria novohispana”
v  Cortina, Leonor. “El gesto y la apariencia” en Revista Artes de México número 25. Conaculta, México, 1994.
v  Illán, Adelina; Romero, Rafael. “La técnica pictórica de los enconchados mexicanos y la problemática de su restauración” en Ciencia y Esencia, cuadernos de conservación y tecnología del arte. I&R, México, 1998.
v  Lafaye, Jacques. “La sociedad de Castas en la Nueva España” en Revista Artes de México número 8. Conaculta, México, 1998.
v  Orellana, Margarita de. “La fiebre de la imagen en la pintura de castas” en Revista artes de México número 8. Conaculta, México, 1998.
v  Sullivan, Edward J. “Un fenómeno visual de América” en Revista Artes de México número 8. Conaculta, México, 1998.

v  Vargaslugo, Elisa. “Austeridad del alma” en Revista Artes de México número 25. Conaculta, México, 1994. 

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