domingo, 24 de noviembre de 2013

El misterioso Coloso de Rodas

En un artículo anterior hice la referencia sobre las siete maravillas del mundo y que fueron: la Gran Pirámide de Giza, los Jardines colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. De todas estas magníficas construcciones del mundo antiguo, la más misteriosa de todas es El Coloso de Rodas. A lo largo de la historia se han elaborado una serie de mitos y conjeturas, donde a veces no es fácil separar la realidad de la fantasía. Hoy los invito para que se embarquen conmigo en la máquina del tiempo y con el poder de la imaginación viajemos al pasado, a épocas muy remotas, donde conoceremos su historia y las razones de su gran misterio.

Rodas
La isla de Rodas ocupa un lugar privilegiado dentro del mar mediterráneo. Se ubica frente a las costas surorientales de Turquía, alcanzando una superficie de unos 1.400 Km2. Cuando los dorios la ocuparon alrededor del año 1.100 a.c., de inmediato formaron tres ciudades-estados independientes, que alcanzaron gran prosperidad que les permitió tener sus propias colonias. Varios siglos después, llegaron a formar parte de la confederación de Atenas y cada una de ellas tenía su propia constitución democrática. En el año 407 a.c. se separaron de Atenas, y se unificaron las tres ciudades para consolidar el estado de Rodas, teniendo como capital una ciudad ubicada al norte de la isla con el mismo nombre.

Ubicación Geográfica

Debido a su ubicación estratégica entre Egipto, Chipre y el mar Egeo, durante el Siglo III a.c. Rodas alcanzó gran prosperidad en la región, consolidándose como un estado rico y de gran poder político. Su capital fue diseñada siguiendo un modelo clásico, con sus calles dispuestas en forma de parrilla y alcanzó a tener unos 60.000 habitantes.

Pero no todo fue felicidad para los rodios. Sufrieron la invasión del rey Mausolo de Caria, a quien luego de su muerte, su esposa Artemisa le dedicaría la construcción del Mausoleo de Halicarnaso, otra de las siete maravillas del mundo. Más adelante fueron conquistados por los persas, quienes permanecieron ahí hasta el año 340 a.c., cuando Alejandro Magno se tomó la isla. Luego de su muerte en el año 323 a.c., a los rodios se les reconoció su independencia. A pesar de todo, mantuvieron siempre muy buenas relaciones comerciales con Alejandría, la fastuosa ciudad que fundó Alejandro Magno en Egipto, y a la cual le suministraban las mercancías provenientes de Oriente al tiempo que distribuían los productos procedentes de Egipto por todo el Mediterráneo. Una vez más, la isla conoció la prosperidad y el poder.



Tiempo después, los rodios se aliaron con el rey Ptolomeo de Alejandría para luchar en contra de Antígono de Macedonia, alcanzando una gran victoria. A raíz de este triunfo el comercio con Egipto se consolidó mucho más. Luego Antígono les propuso a los rodios que se unieran a él, para entrar en guerra contra Ptolomeo. Ante la negativa de ellos, envió a su hijo Demetrio, conocido también como Demetrio Poliorcetes, para que sitiara la ciudad.

Demetrio, quien era un militar de gran fama en sitiar ciudades se confió. Contaba con algo más de 40.000 hombres, muchos navíos y sofisticadas máquinas para bloquear la ciudad. El asedio duró un año, esto sucedió entre el 306 y 305 a.c. Los rodios resistieron heroicamente y lograron su victoria. Se aliaron con Antígono para luchar contra todos sus enemigos excepto Ptolomeo el egipcio. Este fue el triunfo que inspiró la construcción del Coloso de Rodas.

Helios era el dios griego del sol y los rodios eligieron a Helios para conmemorar su gran victoria, construyendo una enorme estatua en su nombre que se conoció como El Coloso de Rodas. El culto de los rodios a Helios era muy importante; de hecho sus tres grandes ciudades sobre las cuales se unificó el estado, llevaban el nombre de los tres hijos del dios: Lindos, Yalisos y Camiros. Se ofrecían procesiones y sacrificios frecuentes de cabras, cabritos, vacas y terneras. Incluso hay un curioso relato que cuenta también como en honor a su dios, una cuadrilla de caballos fue conducida mar adentro hasta terminar ahogándose.

Los misterios del Coloso de Rodas
A pesar de su gran fama, es muy poco lo que se sabe sobre El Coloso de Rodas. Los escritores clásicos hablan de una gran estatua en honor a Helios de unos treinta y tres metros de altura, cuya construcción duró doce años. Pero no hacen una descripción detallada de su aspecto, ni tampoco se sabe con exactitud el sitio donde fue ubicada. Transcurridos unos cincuenta y seis años después de su construcción un terremoto la derribó. Por lo cual todas las descripciones recientes, corresponden realmente a grandes despliegues de la imaginación de los autores.


Al respecto hay una muy conocida tradición, que muestra al Coloso con las piernas abiertas, sus pies apoyados en cada uno de los extremos del puerto. En un dibujo muy conocido en Internet, se aprecia como un barco va entrando al puerto cruzando a través de las piernas abiertas de la estatua. Lo anterior es completamente imposible, por más especializados que fueran los arquitectos o escultores de Rodas, dado que la distancia entre los extremos del puerto es de unos 400 metros. El resultado de esto sería una superestructura de un tamaño inimaginable, muy difícil de construir aún hoy con toda la tecnología existente. Es mucho más razonable pensar que la estatua de Helios tuviera las piernas una junto a la otra.

Sobre la elaboración de la estatua si existe información. De acuerdo con un relato de Filón de Bizancio, la construcción comenzó con la talla de una enorme plataforma de mármol blanco, en donde luego se fundieron los pies, posteriormente se fundieron las piernas en el mismo sitio donde quedarían y así sucesivamente se fue construyendo e instalando cada una de las piezas en el mismo lugar donde deberían quedar ubicadas. Los materiales utilizados fueron hierro y bloques de piedra. El autor de este monumento fue el arquitecto Cares de Lindos. Uno de los brazos podría estar alzado en posición vertical sujetando una antorcha, símbolo de la luz del sol, mientras que el otro colgaría a lo largo del cuerpo. La figura resultante, en forma de columna, no habría sido demasiado difícil de fundir o de sujetar durante su construcción. También habría sido bastante estable una vez acabada.


El Coloso de Rodas pudo ser una estatua arcaica, como la que se representa en la ilustración, o una figura más clásica. Fue preciso un importante sistema de andamiajes para sujetarla durante su construcción.

Ninguno de los autores clásicos menciona dentro de sus escritos, la ubicación exacta del Coloso de Rodas, lo cual como se indicó antes, hace parte de los misterios del monumento. Sin embargo, la entrada al puerto parece ser el lugar más idóneo donde debió quedar posicionado. Esto tiene mucho sentido, pues de esta forma el pueblo de Rodas podría mostrar todo su orgullo e identidad: cualquier viajero o forastero al acercarse al puerto, obligatoriamente observaría la estatua. Pocos años después, se volvió muy habitual colocar monumentos a la entrada de los puertos.


La ubicación de El Coloso de Rodas sigue siendo un misterio. Tal vez estuviera situado en un islote como se muestra en la ilustración.

Hacia el año 226 a.c. se produjo un terremoto que derribó El Coloso de Rodas. Según el geógrafo Estrabón, la estatua se quebró a la altura de las rodillas. La cabeza y el torso quedaron tirados en el lugar donde cayeron. Estrabón dice también que los rodios consultaron a un oráculo para intentar levantar de nuevo la estatua, pero este se los prohibió. Cuando desapareció la influencia del oráculo, varias personas intentaron reconstruirla, pero ni los más especializados ingenieros griegos ni egipcios lo pudieron lograr. Algunos siglos después, cuando la isla hacia parte del territorio del Imperio Romano y la ciudad ya no tenía el poder político ni económico de antes, las autoridades permitieron que las ruinas de la estatua permanecieran en su lugar, en recuerdo de los tiempos gloriosos de la ciudad.

Hacia el año 672 d.c. cuando los árabes se habían apoderado de la ciudad y las ruinas de la estatua ya no tenían mayor significado para sus dirigentes ni para el resto de habitantes de la isla, los restos que quedaban del monumento fueron vendidos a un judío y se dice que con ellos cargaron un grupo de novecientos camellos y El Coloso de Rodas entró a formar parte de la leyenda.


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BIBLIOGRAFÍA:            INGPEN, Robert y WILKINSON Philip.
Enciclopedia de lugares misteriosos.
                                   Editorial Grupo Anaya S.A. Madrid, 1992.

                                   Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana.
                                   Editorial Espasa – Calpe S.A.
                                   Madrid, 1930.

IMÁGENES:                 INGPEN, Robert y WILKINSON Philip.
Enciclopedia de lugares misteriosos.
                                   Editorial Grupo Anaya S.A. Madrid, 1992






4 comentarios:

  1. Es conocer la historia del mundo de un modo fácil, sin tanta trabas de palabras de un léxico no conocido, de fácil comprensión y sobre todo dejando recuerdos y enseñanzas.

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  2. Esa siempre ha sido mi intención con los artículos que he elaborado. Me alegró mucho tu comentario. Muchas gracias.

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  3. Juan Carlos, gracias por aumentar nuestro conocimiento y poner a volar la imaginación de una manera muy entretenida. Un buen ensayo!!

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  4. Gracias por tus palabras Reinel. Constituyen una motivación grande para continuar escribiendo buenas historias.

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