viernes, 8 de noviembre de 2013

Los orígenes de la Medicina

            Asclepios era el dios griego responsable de la salud de los seres humanos. En sus templos concurrían enfermos y sanadores; los primeros buscaban el favor del dios y la curación de sus males, depositando exvotos si conseguían recuperar la salud; los segundos acudían a interesarse por las dolencias de los enfermos, les preguntaban acerca de sus males y por el modo en que habían sanado. La medicina griega pudo tener este origen.


Asclepios: Dios griego de la Medicina y la curación

Hipócrates de Cos (n. 460 a. C.) fue contemporáneo de Sócrates y Platón, y seguramente estuvo influido por la autoridad de Empédocles, el cual fundó en Sicilia la primera escuela médica ateniense. La hipótesis de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, inspiraría su doctrina de los humores.




Hipócrates de Cos: médico de la Antigua Grecia

Hipócrates creyó que la enfermedad se debía a causas naturales; por tanto, los remedios debían ser también naturales. Rechazó interpretaciones de otra índole, como las mágico-religiosas que habían respaldado las culturas primitivas. Según el médico de Cos, existen cuatro humores que fluyen en el interior del cuerpo humano: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra; el equilibrio entre ellos condiciona el estado de salud. No practicó demasiadas disecciones en animales, por lo que sus conocimientos de anatomía fueron algo escasos. Hipócrates prefería realizar estudios clínicos del enfermo y ordenar tratamientos a base de medicamentos, dieta suave y descanso; para prevenir males futuros, solía recomendar alimentos sanos, ejercicio moderado y masajes.


La Colección Hipocrática consta de 60 tratados muy diversos; desde los dietéticos y deontológicos, hasta los de patología general y especial, como los dedicados a oftalmología, obstetricia y pediatría; aunque desconocemos cuáles de ellos fueron escritos por el mismo Hipócrates y cuáles se deben a su Escuela. El repertorio de Aforismos hipócratico contiene 400 preceptos agrupados en ocho libros; todos derivados de su experiencia y aguda observación.

La Escuela de Cos siguió las directrices del maestro, frente a la establecida en Cnido, en la cual se prestaba más atención a la enfermedad que al enfermo. En ambas escuelas, como en la instituida por Empédocles en Sicilia, se pensaba que un desequilibrio humoral era el causante de las enfermedades. Todas ellas practicaban una medicina natural y una terapéutica suave. Se escribió un tratado de embriología: La naturaleza del niño, apoyándose también en las observaciones realizadas en huevos de gallina. Se dijo que las arterias contenían aire y las venas sangre; se estudió la influencia del clima en el desarrollo de las enfermedades; se analizaron los procesos epidemiales, etc.
A este período ateniense le sucedió el helenístico, centralizado en Alejandría. En esta época, los médicos practicaban disecciones de animales y cadáveres humanos con bastante frecuencia; por tanto, aumentaron notablemente los conocimientos en anatomía y fisiología. Herófilo (fl. 325 a. C.) estudió en Cos y siguió esta línea de investigación. Examinó los vasos sanguíneos, distinguiendo entre venas y arterias; él creyó que todas estaban llenas de sangre. Llamó vena arterial a lo que hoy denominamos arteria pulmonar y arteria venosa a la vena pulmonar. Diferenció asimismo entre cerebro y cerebelo y habló de la existencia de cuatro fuerzas responsables de la actividad orgánica y cuyos centros los situaba en el hígado, corazón, nervios y cerebro. Escribió 11 tratados relacionados con asuntos de anatomía, obstetricia (inventó el embriótomo), oftalmología, terapéutica, dietética y pulso, el cual midió con una clepsidra que él mismo construyó.

Erasístrato (aprox. 304 – 250 a. C.) fue un gran fisiólogo y anatomista. Se inspiró en el atomismo democriteano para sustituir la doctrina de los humores por otra que combinaba la acción de los corpúsculos con el pneuma. Para él, la enfermedad residía en el exceso de sangre o plétora que inunda las arterias y provoca alteraciones en el movimiento del pneuma. Estudió las fases de la respiración, el cerebro, los vasos sanguíneos; distinguió entre venas, arterias y nervios: los primeros llevan sangre, los segundos aire y los terceros el pneuma psíquico procedente del cerebro. Afirmó que el corazón actuaba como una bomba, impulsando el pneuma hacia el cerebro por la arteria aorta. Escribió 62 tratados que no conservamos.

En el siglo II a. C. se fundó en Alejandría la Escuela Empírica, en la cual se prestaba más atención a la cura del enfermo que a descubrir el origen y naturaleza de la enfermedad. Glaucias escribió un tratado sobre hierbas medicinales y enunció los tres principios en los que se apoyaba la investigación médica: autopsia, historia y analogía; los tres relacionados con la observación directa de sintomatologías semejantes. Hubo otra escuela, la Metódica, inspirada en las enseñanzas de Asclepíades de Bithynia (s. I a. C.). Este aplicó el corpuscularismo democriteano al cuerpo humano y rechazó el punto de vista de las escuelas naturalistas y el de los empíricos. No le gustaba recomendar medicamentos, pero sí comentó las propiedades beneficiosas del vino, del ejercicio pausado, de la dieta equilibrada y de los ayunos.

         Cuando Roma desplegó su ejército sobre los pueblos del Mediterráneo necesitaba personas capaces de curar las heridas y lesiones de sus soldados. La cirugía progresó espectacularmente en este período y por esta causa. No obstante, los romanos se preocuparon también de la salud de sus ciudadanos y crearon los primeros hospitales y enfermerías, así como escuelas en las que aprender las artes de la medicina. De este período fueron Celso, quien escribió una Enciclopedia de la que sólo conservamos los libros dedicados a dietética, terapéutica, cirugía y enfermedades óseas; y Dioscórides, un médico militar que redactó Materia Médica, obra cuyo contenido abarca temas tan dispares como farmacología, botánica y química. Describió productos de origen orgánico y mineral con sus respectivas cualidades curativas.

            En el siglo I, la Escuela Pneumática recogió la antigua teoría de los humores, adaptándola a sus hipótesis acerca del pneuma; este controlaba la actividad y el buen funcionamiento corporal; se introducía en el organismo mediante la respiración y era la fuente de calor que recorría todo el cuerpo conducido por las arterias y mezclado con la sangre. El fundador de esta escuela fue Ateneo de Attalia  (fl. 41-54).

            La Escuela Ecléctica se constituyó alrededor de Claudio Agathinos (fl. 50), seguidor de la doctrina de Hipócrates, aunque con una visión más empírica de sus enseñanzas. De esta escuela fue Areteo de Capadocia, autor de excelentes tratados acerca de enfermedades mentales y otras de origen infeccioso, como la lepra, el tétanos, difteria, pleuresía, etc.

            Galeno de Pérgamo (129-200)  no perteneció a esta escuela pero su pensamiento fue fundamentalmente ecléctico: intentó acomodar la teoría hipocrática de los humores y su terapéutica naturista con las hipótesis defendidas por los empiristas y pneumáticos; todo ello, además,  impregnado de la filosofía aristotélica. La naturaleza, afirmó, es el principio creador que fija y regula las funciones del cuerpo, y el pneuma es el espíritu vital que penetra en el cuerpo a través de la respiración. Distinguió tres tipos de pneuma: natural, vital y animal; y tres centros en los que estos se desarrollan: el hígado, el corazón y el cerebro. Creyó que la sangre traspasaba el tabique interventricular a través de poros imperceptibles, para mezclarse con el pneuma procedente de los pulmones.


Galeno de Pérgamo: médico griego

Trabajó junto a los gladiadores y esto le permitió realizar progresos en anatomía, fisiología y cirugía. Practicó disecciones en animales y defendió la conveniencia de realizar también vivisecciones. Fueron muy fructíferas las experiencias llevadas a cabo en cadáveres de monos, tan morfológicamente próximos a los humanos, pues con ello pudo describir perfectamente sus sistemas óseo y muscular.

          La hipótesis de los cuatro humores inspiró su doctrina acerca de los temperamentos humanos: sanguíneo, flemático, colérico y melancólico. En cada uno de ellos existiría el predominio particular de uno de los humores. Galeno fue un versátil y prolífico autor; no sólo escribió sobre asuntos relacionados con la medicina, como anatomía, fisiología, dietética, higiene, patología, etc, sino también temas específicos de filosofía, retórica y filología.

La medicina galénica influyó en las escuelas europeas hasta el siglo XVII.

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BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:
BABINI, José: Historia de la medicina. Gedisa, Barcelona, 2000
GUERRA, Francisco: Historia de la medicina. Norma, Madrid, 2001
RADA, E.; BURGUETE, R.: Ciencia y Tecnología y su papel en la sociedad. UNED, Madrid, 2004

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