Asclepios era el dios griego responsable de la salud de los seres humanos. En sus templos
concurrían enfermos y sanadores; los primeros buscaban el favor del dios y la
curación de sus males, depositando exvotos si conseguían recuperar la salud;
los segundos acudían a interesarse por las dolencias de los enfermos, les
preguntaban acerca de sus males y por el modo en que habían sanado. La medicina
griega pudo tener este origen.
Asclepios: Dios griego de la Medicina
y la curación
Hipócrates de Cos (n. 460 a. C.) fue
contemporáneo de Sócrates y Platón, y seguramente estuvo influido por la
autoridad de Empédocles, el cual fundó en Sicilia la primera escuela médica
ateniense. La hipótesis de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego,
inspiraría su doctrina de los humores.
Hipócrates
de Cos: médico de la Antigua Grecia
Hipócrates creyó que la enfermedad se debía a
causas naturales; por tanto, los remedios debían ser también naturales. Rechazó
interpretaciones de otra índole, como las mágico-religiosas que habían respaldado
las culturas primitivas. Según el médico de Cos, existen cuatro humores que
fluyen en el interior del cuerpo humano: la sangre, la flema, la bilis amarilla
y la bilis negra; el equilibrio entre ellos condiciona el estado de salud. No
practicó demasiadas disecciones en animales, por lo que sus conocimientos de
anatomía fueron algo escasos. Hipócrates prefería realizar estudios clínicos
del enfermo y ordenar tratamientos a base de medicamentos, dieta suave y
descanso; para prevenir males futuros, solía recomendar alimentos sanos,
ejercicio moderado y masajes.
La Colección Hipocrática consta de 60 tratados muy diversos; desde los
dietéticos y deontológicos, hasta los de patología general y especial, como los
dedicados a oftalmología, obstetricia y pediatría; aunque desconocemos cuáles
de ellos fueron escritos por el mismo Hipócrates y cuáles se deben a su
Escuela. El repertorio de Aforismos hipócratico contiene 400 preceptos
agrupados en ocho libros; todos derivados de su experiencia y aguda observación.
La Escuela de Cos siguió las directrices del
maestro, frente a la establecida en Cnido, en la cual se prestaba más atención
a la enfermedad que al enfermo. En ambas escuelas, como en la instituida por
Empédocles en Sicilia, se pensaba que un desequilibrio humoral era el causante
de las enfermedades. Todas ellas practicaban una medicina natural y una
terapéutica suave. Se escribió un tratado de embriología: La naturaleza del
niño, apoyándose también en las observaciones realizadas en huevos de gallina.
Se dijo que las arterias contenían aire y las venas sangre; se estudió la
influencia del clima en el desarrollo de las enfermedades; se analizaron los
procesos epidemiales, etc.
A este período ateniense le sucedió el
helenístico, centralizado en Alejandría. En esta época, los médicos practicaban
disecciones de animales y cadáveres humanos con bastante frecuencia; por tanto,
aumentaron notablemente los conocimientos en anatomía y fisiología. Herófilo
(fl. 325 a. C.) estudió en Cos y siguió esta línea de investigación. Examinó
los vasos sanguíneos, distinguiendo entre venas y arterias; él creyó que todas
estaban llenas de sangre. Llamó vena arterial a lo que hoy denominamos arteria
pulmonar y arteria venosa a la vena pulmonar. Diferenció asimismo entre cerebro
y cerebelo y habló de la existencia de cuatro fuerzas responsables de la
actividad orgánica y cuyos centros los situaba en el hígado, corazón, nervios y
cerebro. Escribió 11 tratados relacionados con asuntos de anatomía, obstetricia
(inventó el embriótomo), oftalmología, terapéutica, dietética y pulso, el cual
midió con una clepsidra que él mismo construyó.
Erasístrato (aprox. 304 – 250 a. C.) fue un
gran fisiólogo y anatomista. Se inspiró en el atomismo democriteano para
sustituir la doctrina de los humores por otra que combinaba la acción de los
corpúsculos con el pneuma. Para él, la enfermedad residía en el exceso de
sangre o plétora que inunda las arterias y provoca alteraciones en el
movimiento del pneuma. Estudió las fases de la respiración, el cerebro, los
vasos sanguíneos; distinguió entre venas, arterias y nervios: los primeros
llevan sangre, los segundos aire y los terceros el pneuma psíquico procedente
del cerebro. Afirmó que el corazón actuaba como una bomba, impulsando el pneuma
hacia el cerebro por la arteria aorta. Escribió 62 tratados que no conservamos.
En el siglo II a. C. se fundó en Alejandría la
Escuela Empírica, en la cual se prestaba más atención a la cura del enfermo que
a descubrir el origen y naturaleza de la enfermedad. Glaucias escribió un
tratado sobre hierbas medicinales y enunció los tres principios en los que se
apoyaba la investigación médica: autopsia, historia y analogía; los tres
relacionados con la observación directa de sintomatologías semejantes. Hubo
otra escuela, la Metódica, inspirada en las enseñanzas de Asclepíades de
Bithynia (s. I a. C.). Este aplicó el corpuscularismo democriteano al cuerpo
humano y rechazó el punto de vista de las escuelas naturalistas y el de los
empíricos. No le gustaba recomendar medicamentos, pero sí comentó las
propiedades beneficiosas del vino, del ejercicio pausado, de la dieta
equilibrada y de los ayunos.
Cuando Roma
desplegó su ejército sobre los pueblos del Mediterráneo necesitaba personas
capaces de curar las heridas y lesiones de sus soldados. La cirugía progresó
espectacularmente en este período y por esta causa. No obstante, los romanos se
preocuparon también de la salud de sus ciudadanos y crearon los primeros
hospitales y enfermerías, así como escuelas en las que aprender las artes de la
medicina. De este período fueron Celso, quien escribió una Enciclopedia de
la que sólo conservamos los libros dedicados a dietética, terapéutica, cirugía
y enfermedades óseas; y Dioscórides, un médico militar que redactó Materia
Médica, obra cuyo contenido abarca temas tan dispares como farmacología,
botánica y química. Describió productos de origen orgánico y mineral con sus
respectivas cualidades curativas.
En el siglo I, la
Escuela Pneumática recogió la antigua teoría de los humores, adaptándola a sus
hipótesis acerca del pneuma; este controlaba la actividad y el buen
funcionamiento corporal; se introducía en el organismo mediante la respiración
y era la fuente de calor que recorría todo el cuerpo conducido por las arterias
y mezclado con la sangre. El fundador de esta escuela fue Ateneo de
Attalia (fl. 41-54).
La Escuela
Ecléctica se constituyó alrededor de Claudio Agathinos (fl. 50), seguidor de la
doctrina de Hipócrates, aunque con una visión más empírica de sus enseñanzas.
De esta escuela fue Areteo de Capadocia, autor de excelentes tratados acerca de
enfermedades mentales y otras de origen infeccioso, como la lepra, el tétanos,
difteria, pleuresía, etc.
Galeno de Pérgamo
(129-200) no perteneció a esta escuela
pero su pensamiento fue fundamentalmente ecléctico: intentó acomodar la teoría
hipocrática de los humores y su terapéutica naturista con las hipótesis
defendidas por los empiristas y pneumáticos; todo ello, además, impregnado de la filosofía aristotélica. La
naturaleza, afirmó, es el principio creador que fija y regula las funciones del
cuerpo, y el pneuma es el espíritu vital que penetra en el cuerpo a través de
la respiración. Distinguió tres tipos de pneuma: natural, vital y animal; y
tres centros en los que estos se desarrollan: el hígado, el corazón y el
cerebro. Creyó que la sangre traspasaba el tabique interventricular a través de
poros imperceptibles, para mezclarse con el pneuma procedente de los pulmones.
Galeno de Pérgamo: médico griego
Trabajó junto a los gladiadores y esto le
permitió realizar progresos en anatomía, fisiología y cirugía. Practicó
disecciones en animales y defendió la conveniencia de realizar también
vivisecciones. Fueron muy fructíferas las experiencias llevadas a cabo en
cadáveres de monos, tan morfológicamente próximos a los humanos, pues con ello
pudo describir perfectamente sus sistemas óseo y muscular.
La hipótesis de los cuatro humores
inspiró su doctrina acerca de los temperamentos humanos: sanguíneo, flemático, colérico
y melancólico. En cada uno de ellos existiría el predominio particular de uno
de los humores. Galeno fue un versátil y prolífico autor; no sólo escribió
sobre asuntos relacionados con la medicina, como anatomía, fisiología,
dietética, higiene, patología, etc, sino también temas específicos de
filosofía, retórica y filología.
La medicina galénica influyó en las escuelas
europeas hasta el siglo XVII.
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BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:
BABINI, José: Historia de la
medicina. Gedisa, Barcelona, 2000
GUERRA, Francisco: Historia de la
medicina. Norma, Madrid, 2001
RADA, E.; BURGUETE, R.: Ciencia y Tecnología y su papel en la
sociedad. UNED, Madrid, 2004


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