Hoy comenzamos en "Toda una amalgama" la plasmación de una pequeña serie sobre el mundo de la brujería que ya tratamos en nuestro especial de radio del día de Halloween y Todos los Santos.
Lo primero, como no podría ser de otro modo, para asentarnos en el tema, analizar y comentar cuál es el significado intrínseco que podemos encontrar en los rasgos y características habituales con las que asociamos a las brujas, y que seguramente, tendremos ahora muy presente sólo por el mero hecho de mencionarlas. Algunos cargados de fantasía, y otros, productos reales o derivados
de las prácticas de las seguidoras del mal.
Por ejemplo,
la característica de la avanzada edad, resaltada además a través de las verrugas que, según se cuenta, solían adornar sus caras. Este rasgo proviene de los mitos y falsas leyendas que
vertían y contaban las personas normales y corrientes temerosas de que alguno
de sus familiares, por ejemplo, alguna de sus hijas, se viera tentada en el
futuro con pasar a ese otro lado oscuro.
Otra característica interesante de analizar; La predilección por las vestimentas de color negro, un claro mensaje de las mujeres que
coqueteaban con estas artes. Y todo, por el mensaje que el propio color conlleva, usándose como un signo claro de rebeldía, frente al blanco inmaculado y puro. Además,
esta posible práctica posiblemente se agravara en la mente colectiva al
asociarse comúnmente el color negro a lo demoníaco.
Siguiendo con
un nuevo elemento, el sombrero con la
punta doblada se incorporó a estos personajes por el colectivo de la época
como signo de que la persona que era bruja estaba unida a la profundidades de
la tierra, y más concretamente, al infierno.
En contraposición con el significado que se le daba a los sombreros con
la punta erguida, que suponían la unión de la persona con el universo, y dentro
de este, con el cielo, hogar de Dios. En este mismo sentido se orientarían otro
elemento característico de las brujas, las botas
con la punta doblada.
Pasamos ahora
al caldero, atribuido a estas brujas
por su analogía en cierto sentido con los magos y brujos de los tiempos
anteriores. Siendo la herramienta esencial para la preparación de sus recetas y
pociones mágicas.
No podemos
olvidar tampoco a sus gatos de color
negro. En este punto es más difícil esclarecer si tiene un trasfondo
histórico y real o si proviene únicamente de la mente de la sociedad del
momento. Principalmente porque el enlace del gato negro como mensajero y
transportador de la mala suerte, proviene precisamente de su asociación en la
edad Media con las brujas, pensando las personas de la época que si veían un
gato negro posiblemente éste tuviera algún cometido que lo hubiera encargado su
dueña bruja para traernos el mal. Así que, es difícil saber en este supuesto si
fue antes el huevo, o la gallina.
Por último no podemos olvidar mencionar el que posiblemente sea su elemento y rasgo definitorio principal, las escobas. Se cree que este tópico, y muchos son los
historiadores que lo apoyan, proviene de una práctica habitual de las mujeres
que coqueteaban con la brujería. Éstas, conocidas también por sus aficiones y
liberalidad sexual frente a la mente recia y la cultura puritana de la predominante población cristiana del
momento, untaban en ciertas ocasiones
en las escobas, que tenían en sus
casas, un ungüento realizado a base de sustancias alucinógenas como el datura
estramonium, la belladona, el beleño u el opio. Pasando, posteriormente, a
introducirse el extremo de la escoba previamente untado por sus vaginas.
Imagen de: ABC
Si quieres leer más artículos como éste, continúa en Toda una amalgama
Autor: Jesús Mora



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