jueves, 2 de octubre de 2014

La masturbación: del antiguo onanismo a la práctica más extendida del mundo

Acto amado y odiado a partes iguales. Objeto de no pocas controversias y de no menos placeres. Actividad muy recurrente durante las relaciones sexuales y la práctica sexual más común y extendida en todo el mundo. Onanismo es su sinónimo, palabra que aunque hoy en día está quedando en desuso, era el vocablo más utilizado en la antigüedad para designar al acto de masturbarse.

La palabra onanismo proviene del personaje bíblico Onán. Podemos encontrar su historia en el libro del Génesis 38 1-10 (capítulo 38, versículos del uno al diez), donde se nos dice que Judá y Súa tuvieron tres hijos, el primogénito era Er y el mediano Onán. Judá tomó mujer para su primogénito: Tamar, pero “Er fue malo ante los ojos de Dios y éste le quitó la vida”; entonces Judá le dijo a su segundo hijo, Onán, que se desposase con Tamar y dejara descendencia a su hermano. No obstante, sabiendo Onán que esos hijos no se le reconocerían a él, al realizar el acto sexual se retiraba antes de llegar a su fin y lo acababa manualmente, vaciándose en la tierra. Este acto supuso la ofensa de Dios, que le quitó la vida, y desde entonces esta actividad se considera pecado en muchísimas religiones. Aunque muchos no consideran este pasaje como masturbación sino como coitus interruptus (comúnmente conocida como ‘marcha atrás’), no aparece ninguna otra mención a la masturbación en la Biblia.



Pero, por otra parte, y dejando ya de lado su nombramiento y definición, me propongo resolver todas esas pequeñas dudas que alguna vez os surgieron acerca de la historia de la masturbación. Quién la empezó, dónde y con qué; de dónde vienen los primeros consoladores y de dónde los primeros vibradores; quién la apoyaba y quién no; cómo comenzó su censura y cómo su difusión… Y me atrevo a decir sin riesgo a equivocarme, que muchas de las personalidades que aquí nombraremos os sorprenderán, ya sea grata o ingratamente.

En primer lugar, si tratamos de buscar el origen de la masturbación, obviamente no se puede determinar con exactitud. Además, puesto que la gran mayoría de los animales también se masturban, lo más normal es que no haya un comienzo sino una continuidad. No obstante, se cree que los primeros Homo Sapiens que llegaron a Europa hacen unos 40.000 años tenían ya un comportamiento sexual complejo en el que el sexo dejó de ser algo biológico para convertirse en algo cultural; algo que se evidencia en diversos grabados y pinturas rupestres que podrían considerarse ‘el primer Kama Sutra de la historia de la humanidad’.

También en la prehistoria situamos el primer consolador o dildo, hallado en una excavación de la cueva de Hohle Fels, Alemania, tallado en piedra. Y en antiguos mitos provenientes de Egipto se hace mención al dios Atum, que se creó a sí mismo mediante autofelación, saliva, lágrimas, sudoración y otros métodos; y que también creó a sus hijos, los dioses Shu y Tefnut, mediante  la saliva o su masturbación.

Dirigiéndonos ahora a  Grecia, y aunque el rígido código de los espartanos condenaba la masturbación, nos encontramos con que en general esta práctica se consideraba un don de los dioses puesto que el dios Hermes enseñó a su hijo Pan, más conocido como Fauno, a masturbarse para aguantar el desdeño de la ninfa Echo. Hacia el año 500 a.C. los consoladores se pusieron “de moda” en toda Grecia, la mayoría importados desde la ciudad de Mileto, situada en el Asia Menor, que por entonces era conocida en todo el Mediterráneo por el cuero con el que los fabricaba (adquiriendo la fama de ser el lugar con los mejores juguetes sexuales de la época).


Más adelante, en el siglo II d.C, un prestigioso médico griego, Galeno, ganó una gran fama que lo proclamaría ‘el padre de la medicina’. Este médico consideraba que cuando un hombre no liberaba semen se convertía en un “ser peligroso”, en un arma letal para la salud; y ponía como ejemplo a Diógenes, a quien consideraba una persona por llevar una vida sexual activa y recurrir a la masturbación para mantenerse en buen estado. Cabe destacar que Diógenes fue especialmente conocido por armar un escándalo hacia el 400 a.C al levantarse la toga en el ágora frente al público intentando demostrar que todas las actividades merecen ser hechas en público y que ninguna merece la vergüenza.


Varios siglos después, con la llegada e instauración del cristianismo, y la lectura de la Biblia, se cambió radicalmente el concepto positivo de la masturbación. En esta época, los llamados primeros Padres de la Iglesia condenaron a todo aquel que recurriera a dicha actividad. Entre ellos cabe citar a San Agustín de Hipona (354-430), que llegó a decir que la masturbación y cualquier otra estimulación sin llegar a la penetración eran pecados mucho más graves que la violación, el incesto o el adulterio, pues eran prácticas sexuales no reproductivas y por tanto antinaturales. En la misma línea encontramos a Santo Tomás de Aquino, en el siglo XIII, que en su “Summa Theologiae” cataloga como vicios contranatura la masturbación, el bestialismo y la homosexualidad, entre otras conductas.

Posteriormente, ya en el siglo XVIII, es necesario hablar del médico suizo Samuel Auguste David Tissot, que publicó en 1774 “El onanismo”. En él describe el llamado “mal de la masturbación” y el “síndrome post-masturbatorio”, creando la mayoría de mitos existentes alrededor de esta actividad y que nos llegan hasta nuestros días (tales como la ceguera o la caída del pelo debido a su práctica abusiva). El doctor Reveillé llegó a escribir en esta época en alguno de sus tratados sobre sexualidad: “En mi opinión, ni la peste, ni la guerra han tenido efectos tan desastrosos para la humanidad como el miserable hábito de la masturbación”. Paradójicamente, y a pesar de que la comunidad científica buscaba remedios a este “mal”, algunos médicos practicaban la masturbación a las mujeres diagnosticadas de histeria; les acariciaban el clítoris hasta llegar al orgasmo para que pudieran liberar toda la tensión. Fue precisamente este dato y el hecho de que los médicos no se cansaran de “curar” a las pacientes, el que dio paso a una nueva generación de consoladores, base de los que conocemos hoy en día. Por decirlo de alguna forma estos serían los primeros vibradores, que primero funcionaban a vapor y posteriormente con electricidad.

En los siglos XIX y XX, antes de llegar al trabajo que marcaría un antes y un después en la percepción de la masturbación gracias a Sigmund Freud, conviene destacar dos curiosidades de la mano de dos “desconocidas celebridades”.  El primero de ellos fue John Harvey Kellogg, un médico estadounidense que, como no podía ser de otro modo, fue el creador de la conocida marca de cereales Kellog’s. Este médico estadounidense fue un entusiasta activista contra la masturbación, llegando a recomendar la circuncisión en los hombres y la aplicación de fenol puro en el clítoris de las mujeres para evitar dicha estimulación. La creación de los cereales fue una medida más de su particular énfasis en la nutrición mientras dirigía el sanatorio de Battle Creek; y se dice que fue otro de sus “remedios” en contra de la masturbación.

La otra celebridad fue Robert Lord Baden-Powell, actor, pintor, músico, militar, escultor y escritor británico que, obsesionado por el “autoabuso” y la “cuestión de las mujeres”, creó el Movimiento Scout Mundial (Boy Scouts) como forma de impedir que los varones y las mujeres salieran juntos, y para ayudar a los varones a distinguir a las “chicas buenas” de las “chicas malas”. En el manual del Boy Scout aparece reflejado su pensamiento sobre la masturbación.


Pero llegamos por fin a nuestro archiconocido psicoanalista, Freud (1856-1939), quien en una serie de reuniones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena (de 1910-1912) no sólo desmintió los “males” de la masturbación, sino que por primera vez dijo que tenía efectos beneficiosos para la salud, tales como aliviar el estrés y evitar las enfermedades de transmisión sexual. Sigmund Freud provocó con esto una verdadera revolución, significó llevar la contraria a los pensamientos que se tenían desde hacía siglos sobre la masturbación y, de alguna forma, sentó las bases para los estudios que se desarrollarían posteriormente.

Así, y para terminar con este recorrido, nos encontramos con los dos últimos autores más significativos acerca de los estudios sexuales y la masturbación. Hablamos de Alfred C. Kinsey (1894-1956), que juntó con sus colegas publicó en 1940 el fruto de más de 15 años del estudio de la conducta sexual humana. Una de sus aportaciones más importantes fue la de considerar la masturbación como algo normal revelando que entre el 92% y el 97% de los hombres que participaron se habían masturbado alguna vez, y que el 62% de mujeres lo habían hecho y habían alcanzado el orgasmo. Kinsey también reveló detalles sobre las técnicas de masturbación de las mujeres, estableciendo que el 84% se tocaban o estimulaban los labios de la vulva o el clítoris y el 10% cruzaban las piernas para ejercer una presión rítmica y constante que afectaba a toda la zona. El resto empleaba vibradores o se frotaba contra objetos. Por otra parte, el 2% podía llegar al orgasmo a través de la fantasía; y el 20% usaban la penetración junto a otros métodos durante la masturbación.

Ya a finales de 1956 dieron comienzo los trabajos del ginecólogo estadounidense William Howell Masters junto con la psicóloga Virginia Eshelman Johnson, publicando en 1966 el libro “Respuesta sexual humana” (fruto de la investigación de la sexualidad humana en condiciones de laboratorio).  Este texto está considerado como el primer trabajo serio y científico de la anatomía y fisiología de la actividad sexual humana. Observaron y grabaron más de 10.000 actos sexuales en un grupo de 382 mujeres y 312 hombres durante la actividad sexual, con el fin de descubrir de forma científica los cambios físicos que se producían antes, durante y después de las relaciones sexuales. En estas investigaciones, además, se encontró que varias de las mujeres que participaron en los experimentos consideraban los orgasmos provenientes de estímulos directos, como la masturbación, fisiológicamente más satisfactorios que el coito, aunque este último era más satisfactorio desde el punto de vista emocional.

Así, con el trabajo de Kinsey y Masters y Johnson, se consiguió que en la década de los 80 prácticamente ningún estudiante universitario creyera que la masturbación originara algún problema físico o mental; algo extraordinario considerando, por ejemplo, que entre 1920 y 1930 un estudio reveló que uno de cada diez menores a los que se les sorprendía masturbándose eran severamente amenazados, castigados y aterrorizados.

Y así fue como poco a poco llegamos a lo que somos hoy en día. Pero, ¿qué somos hoy en día? ¿Una sociedad nueva y moderna o una avanzadilla de nuestras antiguas creencias? ¿La mirada hacia un futuro más objetivo y tolerante o el anclaje a un pasado que no nos permite mejorar? Eso ya os lo dejo a vosotros. Yo sólo quería instruiros un poco en un tema aún hoy tan delicado, con este breve (y sí: lo más breve que he podido, os lo aseguro) pero completo recorrido histórico. Vosotros diréis cuál es el siguiente paso.




Fuentes:
http://ibasque.com/breve-historia-de-la-masturbacion-u-onanismo/
http://minimosymaximos.blogspot.com.es/2011/07/historia-de-la-masturbacion-breve.html
http://matrix1.natalsystems.com.ar/nook/master_libros_sites/images/sistema/libros/pdf/9788431554323.pdf
http://www.sentadofrentealmundo.com/2012/01/la-masturbacion-traves-de-la-historia.html




5 comentarios:

  1. Muy interesante el artículo que has escrito para entender como evolucionamos con el paso del tiempo en estos aspectos y más en algo tan natural como la masturbación, me ha gustado mucho!

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  2. Muy bueno, esperemos que con el tiempo estos pensamientos tan negativos sobre la masturabación se caigan y se vea una actitud más natural en la de la mujer ya que aun tenemos muchos tabús sobre nuestros hombros

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  3. creo q me masturbaré un poco mas seguido

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